sábado, 9 de octubre de 2010

La escalera. Capitulo 11

Capitulo 11:


He abierto los ojos porque algo me molestaba. Es un punto de luz que sale de una rendija de la pared. Un sol diminuto. Me acerco, lo miro de lado y se vislumbra el polvo que gravita: Pequeñas manchas sobre la claridad. Me repliego entrelazando los brazos por debajo de las rodillas. Y permanezco largo rato. Mi mano se acerca al haz y abierta gravita también, como un pájaro herido absorbe el alimento, la claridad. Allí está empujando y relajándose. Jugando a tener alas, volando despacio, girando, convulsionando sus dedos. Y al traspasar el rayo sobre la palma de la mano, se vuelve de un color rojizo perfecto. Y sus arrugas como ríos agrietados que se esparcen cobran protagonismo. “Mama me decía mi niño, que manos tan arrugadas tienes” y yo lo miraba en su sonrisa y en su verdad. Las manos de mi niño eran dulces y pequeñas como palomas. Yo las atrapaba formando un nido y las levantaba hacia mis labios para besarlas. Era un gesto tremendamente silencioso y en él había siempre una plegaría para su bienestar y el mío. Eran sus manos vulnerables y sensibles como su ternura… Se acerca a mi pecho poderosamente un fino dolor. Entre la luz y la memoria hay un espacio tan diminuto. Y además duele. Detrás del rayo hay una rendija, casi un agujero. Acerco mi ojo que se siente herido. Allá tan lejos esta todo y no hay nada. Observo con desesperación aprecio que allí tampoco hay nada. Nada. Yo y mi cuerpo como carne inútil, mi mano y mis recuerdos como moribundos.




El silencio
las manos entre la luz
y los pájaros

4 comentarios:

María Socorro Luis dijo...

Qué bello, que tierno y qué poético...

Muxu.

Stalker dijo...

tu palabra menuda y me hace hueco y crezo ahí,

un placer pasar en pequeño por tu casa

Lola Torres Bañuls dijo...

Soco y Stalker mis queridos incondicionales gracias por abrir esta ventana azul.

Un abrazo a los dos.

SUSANA dijo...

Tu narrativa es muy rica en imágenes y también, absolutamente conmovedora. Se te da de maravillas esta disciplina.

Querida Lola, vengo llegando de algunos días de viaje y encuentro un comentario tuyo en mi post anterior. Me alegraste muchísimoooo! Y dejame decirte que sí, que ese lugar es tan tuyo como mío. Que no existen reglas en la Cueva, que decimos lo que pensamos y como nos sale y nace. Que es un honor encontrarte, que "correspondés" tanto como yo, a las historias de nuestras mayores.

Mi Abrazo guapa, cada vez que te provoque dejarme unas líneas, sabé que las recibiré con todo cariño ese aliento!