miércoles, 5 de agosto de 2009

La escalera Capitulo 11

He abierto los ojos porque algo me molestaba. Es un punto de luz que sale de una rendija de la pared. Un sol diminuto. Me acerco, lo miro de lado y se vislumbra el polvo que gravita: Pequeñas manchas sobre la claridad. Sin perder la vista por este paisaje insólito me siento apretando mis piernas sobre mi pecho. Entrelazando los brazos por debajo de las rodillas. Y permanezco largo rato. Mi mano se acerca al haz y abierta gravita también, como un pájaro herido absorbe el alimento, la claridad. Allí está empujando y relajándose. Jugando a tener alas, volando despacio, girando, convulsionando sus dedos. Y al traspasar el rayo sobre la palma de la mano, se vuelve de un color rojizo perfecto. Y sus arrugas como ríos agrietados que se esparcen cobran protagonismo. “Mama me decía mi niño, que manos tan arrugadas tienes” y yo lo miraba en su sonrisa y en su verdad. Las manos de mi niño eran dulces y pequeñas como palomas. Yo las atrapaba formando un nido y las levantaba hacia mis labios para besarlas. Era un gesto tremendamente silencioso y en él había siempre una plegaría para su bienestar y el mío. Eran sus manos vulnerables y sensibles como su ternura… Se acerca a mi pecho poderosamente un fino dolor. Entre la luz y la memoria hay un espacio tan diminuto. Y además duele. Vuelvo la vista y me acerco a la pared. Detrás del rayo hay una rendija, casi un agujero. Allá tan lejos esta todo y no hay nada. Observo con desesperación que allí tampoco hay nada. Nada. Yo y mi cuerpo como carne inútil, mi mano y mis recuerdos moribundos.

5 comentarios:

MARIEL dijo...

Si alguien me preguntara qué es la nostalgia, le daría este texto. La mano que se acerca a la rendija por donde se escapa un haz de luz, el juego de la mano con el haz de luz, el fino dolor que ejerce la memoria al recordar otras manos, el ojo contra la rendija para comprobar que allí no hay ... nada. Es una imagen desplegada, podría ser el fotograma de una película, sin diálogo, sin banda de sonido, solo el silencio encantado y desconsolado de este instante. Tengo que leer los otros peldaños de tu escalera. Es bella, Lola, y duele. Besos muchos.

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

Una escalera que no sé si deberíamos subir, o bajar...

Lola Torres Bañuls dijo...

Gracias Mariel y Francisco por leerme.

Mariel La escalera es un texto de 44 capitulos, en el que estoy sola en la escalera y no puedo salir de la misma. Y el final no lo cuento.
Si lo quieres leer al completo te lo paso a tu correo eléctronico. Te doy el mio para que me respondas si quieres.
Y te agradezco tus comentarios tan bonitos que siempre me escribes. Justamente tú que escribes tan bien lo valoro mucho.

Un abrazo a los dos.

María Socorro Luis dijo...

Hermoso tu texto poético. Hay dulzura, hay melancolía... hay poesía.

Hasta el próximo capítulo, un beso.

Soco

MARIEL dijo...

Lola, acá te dejo mi correo, porque quiero saber de esa escalera (a menos que vayas poniendo sus peldaños en esta casa, en cuyo caso esperaré la aparición de cada uno de ellos): morganlefay@live.com.ar.

Me encanta como escribís, Lola, realmente.

Besos de medianoche al sur.